Testimonios para la Iglesia, vol. 5, p. 322-330, día 296

Si los que habéis tomado parte en esta obra de zaherir y condenar no os habéis arrepentido de corazón, entonces la luz, la paz y el gozo no entrarán en vuestras almas. Cuando seáis cuidadosos, bondadosos y tiernos con vuestros hermanos, en la misma medida que habéis sido insensibles, implacables y opresivos, confesaréis vuestras faltas y haréis restitución hasta donde sea posible; y cuando hayáis hecho todo lo que podáis de vuestra parte, podréis pedir que el Señor haga lo que es imposible para vosotros hacer: sanar las heridas que causasteis, perdonaros y borrar vuestras transgresiones. Cuando los que yerran resisten con insistencia la confesión de algún mal que se les ha señalado claramente, demuestran que están controlados por sus propias naturalezas indomables y no santificadas, y no por el espíritu del Evangelio de Cristo.

Si Dios alguna vez ha hablado por mi intermedio, entonces tenéis una tarea de arrepentimiento muy seria que realizar, por haber desplegado ante los que yerran el aspecto satánico de vuestro carácter, no sólo mediante vuestra frialdad e indiferencia, sino por el descuido y el desprecio. Si ellos de veras están en oscuridad y están haciendo cosas que ponen sus almas en peligro, debierais manifestar un interés aún mayor por ellos. Demostradles que a la vez que os mantenéis leales a los principios y no os desviaréis de lo correcto, también amáis sus almas. Hacedles saber mediante vuestras palabras y hechos que no albergáis un espíritu de venganza ni represalia, sino que por amor a ellos sacrificaréis vuestros sentimientos y subyugaréis el yo. Representad a Jesús, nuestro Modelo; manifestad su Espíritu en todo tiempo y bajo toda circunstancia, y haya en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. Vuestros caminos no han sido los caminos de Dios; vuestra voluntad no ha sido la voluntad de Dios. La preciosa planta del amor no ha sido cultivada ni regada por el rocío de su gracia. El amor propio, la justificación propia y la autocomplacencia, han ejercido una fuerza dominadora.

¿Qué ha hecho Jesús por vosotros, y qué sigue haciendo continuamente por vosotros? ¿Qué poseéis que no se os haya dado? Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quita; y todo aquel que lleva fruto lo limpia, para que lleve más fruto”. Juan 15:5, 2. Los pámpanos no sostienen a la vid, sino que la vid sostiene y nutre a los pámpanos. La iglesia no sostiene a Cristo, sino que Cristo, mediante su poder vital, sostiene a la iglesia. No basta ser un pámpano; hemos de ser pámpanos fructíferos. “El que permanece en mí y yo en él”, declaró Jesús, “éste lleva mucho fruto”. Juan 15:5. Pero si el fruto que se produce resulta ser el de maleza espinosa, es evidente que no somos pámpanos de la Vid viviente.

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La vida es una disciplina. Mientras esté en el mundo, el creyente arrostrará influencias adversas. Habrá provocaciones que prueben su genio; y es afrontándolas con el espíritu debido como se desarrollan las gracias cristianas. Si se soportan mansamente las injurias y los insultos, si se responde a ellos con contestaciones amables, y a los actos de opresión con la bondad, se dan evidencias de que el Espíritu de Cristo mora en el corazón, y de que fluye la savia de la Vid viviente por los pámpanos. En esta vida estamos en la escuela de Cristo, donde hemos de aprender a ser mansos y humildes de corazón; en el día del ajuste final de cuentas veremos que todos los obstáculos que encontramos, todas las penurias y molestias que fuimos llamados a soportar, eran lecciones prácticas en la aplicación de los principios de la vida cristiana. Si se soportan bien, desarrollan en el carácter virtudes como las de Cristo, y distinguen al cristiano del mundano.

Debemos alcanzar una alta norma si queremos ser hijos de Dios, nobles, puros, santos y sin mancha; la poda es necesaria si queremos alcanzar esta norma. ¿Cómo se lograría esta poda si no hubiese dificultades que arrostrar, ni obstáculos que superar, ni nada que exigiese paciencia y tolerancia? Estas pruebas no son las bendiciones más pequeñas de nuestra vida. Están destinadas a inspirarnos la resolución de obtener éxito. Debemos emplearlas como medios divinos para ganar victorias decisivas sobre nosotros mismos, en vez de permitir que nos estorben, opriman y destruyan.

El carácter será probado. Cristo se revelará en nosotros si somos verdaderamente pámpanos de la Vid viviente. Seremos pacientes, bondadosos y tolerantes, alegres en medio de las inquietudes e irritaciones. Día tras día y año tras año, venceremos al yo, y creceremos en un noble heroísmo. Esta es la tarea que nos ha sido dada; pero no puede realizarse sin ayuda continua de Jesús, decisión resuelta, propósito inquebrantable, vigilancia continua y oración incesante. Cada uno tiene una batalla personal que pelear. Cada uno debe abrirse paso entre luchas y desalientos. Los que se niegan a luchar, pierden la fuerza y el gozo de la victoria.

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Nadie, ni siquiera Dios, puede llevarnos al cielo a menos que hagamos de nuestra parte el esfuerzo necesario. Debemos enriquecer nuestra vida con rasgos de belleza. Debemos extirpar los rasgos naturales desagradables que nos hacen diferentes de Jesús. Aunque Dios obra en nosotros para querer y hacer su beneplácito, debemos obrar en armonía con él. La religión de Cristo transforma el corazón. Dota de ánimo celestial al hombre de ánimo mundanal. Bajo su influencia, el egoísta se vuelve abnegado, porque tal es el carácter de Cristo. El deshonesto y maquinador, se vuelve de tal manera íntegro, que viene a ser su segunda naturaleza hacer a otros como quisiera que otros hiciesen con él. El disoluto queda transformado de la impureza a la pureza. Adquiere buenos hábitos porque el Evangelio de Cristo llegó a ser para él un sabor de vida para vida.

Ahora, mientras dura el tiempo de gracia, no le incumbe a uno pronunciar sentencia contra los demás, y considerarse un hombre modelo. Cristo es nuestro modelo; imitadle, asentad vuestros pies en sus pisadas. Podéis profesar seguir todo punto de la verdad presente, pero a menos que practiquéis esas verdades, de nada os valdrá.

No hemos de condenar a los demás; tal no es nuestra obra, sino que debemos amamos unos a otros, y orar unos por otros. Cuando vemos a uno apartarse de la verdad, podemos llorar por él como Cristo lloró sobre Jerusalén. Veamos lo que dice nuestro Padre celestial en su Palabra acerca de los que yerran: “Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado”. “Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere, sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados” Gálatas 6:1; Santiago 5:19, 20. ¡Cuán grande es esta obra misionera!

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¡Cuánto más parecida al carácter de Cristo que la costumbre de los pobres mortales falibles que están siempre acusando y condenando a aquellos que no llenan exactamente sus requisitos! Recordemos que Jesús nos conoce individualmente, y se compadece de nuestras flaquezas. Conoce las necesidades de cada una de sus criaturas, y la pena oculta e inexpresada de cada corazón. Si se perjudica a uno de los pequeñuelos por los cuales murió, lo ve y pedirá cuenta al ofensor.

Jesús es el buen Pastor. El se interesa por sus ovejas débiles, enfermizas y errabundas. Las conoce a todas por nombre. La angustia de cada oveja y de cada cordero de su rebaño conmueve su corazón de amor y simpatía; y llega a su oído el clamor que pide ayuda. Uno de los mayores pecados de los pastores de Israel fue así señalado por el profeta: “No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma: no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase ni quien preguntase por ellas”. Ezequiel 34:4-6.

Jesús se interesa en cada uno como si no hubiese otra persona en toda la tierra. Como Dios, ejerce gran poder en nuestro favor, mientras que como Hermano mayor nuestro, siente todas nuestras desgracias. La Majestad del cielo no se mantuvo alejada de la humanidad degradada y pecaminosa. No tenemos Sumo Sacerdote tan ensalzado y encumbrado, que no pueda fijarse en nosotros o simpatizar con nosotros, sino que fue tentado en todas las cosas como nosotros, aunque sin pecar.

Cuán diferente de ese espíritu es el sentimiento de indiferencia y desprecio manifestado por algunos en _____ hacia J y los que fueron afectados por su influencia. Si alguna vez se necesitó la gracia transformadora de Dios, fue en esa iglesia. Al juzgar y condenar a un hermano, emprendieron una obra que Dios no confió nunca a sus manos. La dureza de corazón y un espíritu de censura y condenación tendiente a destruir la individualidad y la independencia, se entretejieron con su experiencia cristiana y desterraron de su corazón el amor de Jesús. Apresuraos, hermanos, a sacar estas cosas de vuestra alma antes que se diga en el cielo: “El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es sucio, ensúciese todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía”. Apocalipsis 22:11.

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Tendréis que hacer frente a muchas perplejidades en vuestra vida cristiana en relación con la iglesia; pero no os esforcéis demasiado por amoldar a vuestros hermanos. Si veis que ellos no satisfacen los requerimientos de la Palabra de Dios, no los condenéis; si ellos os provocan, no respondáis de la misma manera. Cuando se dicen cosas exasperantes, no dejéis que la inquietud domine vuestra alma. Veis en otros muchas cosas que parecen malas, y queréis corregirlas. Comenzáis en vuestra propia fuerza a trabajar por una reforma; pero no la emprendéis de la debida manera. Debéis trabajar por los que yerran con un corazón subyugado, enternecido por el Espíritu de Dios, y dejar que el Señor obre por vosotros como agentes.

Descargad vuestra preocupación sobre Jesús. Sentís que el Señor debe encargarse del caso cuando Satanás está contendiendo por predominar sobre algún alma; pero debéis hacer lo que podéis con humildad y mansedumbre, y poner en las manos de Dios la obra enmarañada, los asuntos complicados. Seguid las indicaciones de su Palabra, y confiad el resultado a su sabiduría. Habiendo hecho todo lo que podíais para salvar a vuestro hermano, dejad de acongojaros, y atended con calma otros deberes apremiantes. Ya no es más vuestro asunto, sino el de Dios.

No cortéis el nudo de la dificultad con impaciencia, haciendo desesperados los asuntos. Dejad que Dios desenrede los hilos enmarañados. El es bastante sabio para manejar las complicaciones de nuestra vida. El tiene habilidad y tacto. No podemos ver siempre sus planes; debemos esperar con paciencia que se revelen, y no minarlos y destruirlos. El los revelará a nosotros a su debido tiempo. Busquemos la unidad, cultivemos el amor y la conformidad con Cristo en todas las cosas. El es la fuente de unidad y fuerza; pero no habéis buscado la unidad cristiana, para vincular los corazones en amor.

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Hay trabajo para vosotros en la iglesia y fuera de ella “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”. Juan 15:8. El fruto que llevamos es la única cosa que prueba el carácter del árbol delante del mundo. Es la demostración de nuestro discipulado. Si nuestras obras son de tal carácter que, como pámpanos de la Vid viviente, producimos ricos racimos de preciosas frutas, exhibimos ante el mundo el distintivo de Dios como sus hijos e hijas. Somos epístolas vivientes, conocidas y leídas de todos los hombres.

Ahora, temo que no hagáis la obra que debéis hacer para redimir lo pasado y llegar a ser pámpanos vivos que lleven fruto. Si hacéis como Dios quiere que hagáis, su bendición penetrará en la iglesia No habéis sido bastante humildes todavía para hacer una obra cabal y satisfacer el propósito del Espíritu de Dios. Ha habido justificación y complacencia propias, vindicación personal, cuando debiera haber habido humillación, contrición y arrepentimiento. Debéis apartar toda piedra de tropiezo, y hacer “derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera del camino”. Hebreos 12:13. No es demasiado tarde para corregir los males; pero no debéis sentir que sois sanos y no os hace falta médico, porque necesitáis ayuda. Cuando vayáis a Jesús con corazón quebrantado, él os ayudará y bendecirá, y saldréis a la obra del Maestro con valor y energía. La mejor evidencia de que estáis en Cristo es el fruto que lleváis. Si no estáis verdaderamente unidos a él, vuestra luz y vuestro privilegio os condenarán y arruinarán.

Cómo aprovechar el tiempo

Estimado hermano J,

Me he levantado a medianoche para escribirle, porque estoy preocupada por usted. Sé que nos acercamos al fin de la historia del mundo y el registro de su vida no es tal que a usted le complacería encontrarlo en aquel gran día cuando toda persona será recompensada según sus obras.

Tal vez sintáis que otros han hecho mal; y sé tan bien como vosotros que en la iglesia no se ha manifestado un espíritu como el de Cristo. Pero ¿de qué os valdrá esto en el juicio? ¿Pueden dos males hacer un bien? Aunque uno, dos o tres miembros de la iglesia hayan hecho mal, esto no borrará vuestro pecado ni lo excusará. Cualquiera que sea la conducta seguida por los demás, vuestra obra consiste en poner vuestro propio corazón en orden. Dios tiene sobre vosotros derechos que ninguna circunstancia debe haceros olvidar o descuidar; porque cada alma es preciosa a su vista.

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Me compadezco de los que han tropezado en las oscuras montañas de la incredulidad y anhelo ayudarlos. Hay buen elemento en la iglesia de _____, pero los miembros no han sido transformados por el Espíritu de Dios y colocados en una posición desde la cual puedan dejar que su luz brille sobre el mundo. Algunos dotados de la capacidad para ser de gran utilidad, fracasan totalmente en momentos de prueba en la iglesia por falta de amor y de la misericordia que moraba tan abundantemente en el corazón de Cristo. Notan un error y en lugar de ayudar, se mantienen distanciados. Se inclinan por hacer alusiones desagradables y herir sentimientos, cuando pudieran evitarlo. Brota e impera el yo, ocasionan dolor e incitan sentimientos negativos. Por sanas que sean sus intenciones, sus esfuerzos por hacer el bien casi siempre resultan en fracaso, si no en daño real, porque carecen de la ternura y compasión de Cristo. Son buenos cirujanos, pero malos enfermeros. No poseen el tacto que nace del amor. Si lo tuvieran, sabrían pronunciar la palabra debida y hacer lo correcto al debido tiempo y en el lugar apropiado. Los demás quizá no tengan deseos más sinceros de hacer el bien, ningún interés más profundo en la causa de Dios; tal vez no sean más fieles y leales, ni su simpatía más profunda, ni su amor más cálido; sin embargo, por causa de su delicadeza y tacto, tienen mayor éxito en volver a ganar a los errantes.

Al Señor le agradaría que su pueblo fuese más considerado de lo que es actualmente, más misericordioso y que se ayudasen más unos a otros. Cuando el amor de Cristo mora en el corazón, cada uno tendrá más tierno cuidado de los intereses de los demás. El hermano no se aprovechará de otro hermano en la transacción de negocios. Uno no cobrará un interés exorbitante, porque ve que su hermano está en aprietos y necesita ayuda. Aquellos que se aprovechan de las necesidades de los demás demuestran conclusivamente que no se rigen por los principios del Evangelio de Cristo. Su proceder está registrado en los libros del cielo como fraude y falta de honradez; y dondequiera que estos principios rijan, la bendición del Señor no entrará en el corazón. Tales personas están recibiendo la estampa del gran adversario en lugar de la del Espíritu de Dios. Pero los que finalmente hereden el reino, han de ser transformados por la gracia divina; deberán ser puros de corazón y de vida y poseer caracteres simétricos.

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Hermano mío, considero que usted está en grave peligro. Su tesoro está hecho en la tierra, y su corazón está puesto en su tesoro. Pero todos los bienes que acumule no le bastarán para pagar el rescate por su alma. Entonces, no permanezca en un estado de impenitencia e incredulidad que vaya, en su caso, a derrotar los propósitos misericordiosos de Dios; no obligue a que su mano paciente deba traer sobre usted la destrucción de su propiedad y la aflicción de su persona.

Cuántos no hay que ahora mismo están procediendo de tal manera que de aquí a poco traerán sobre sí tales visitaciones de juicio. Viven día tras día, semana tras semana, año tras año para sus propios intereses egoístas. Su influencia y sus recursos, acumulados a través de la capacidad y tacto que Dios les ha dado, son usados para ellos mismos y sus familias sin pensar en su bondadoso Benefactor. No permiten que nada fluya de vuelta al Dador. Es más, llegan a considerar la vida y los talentos que se les han encomendado como suyos propios; y si le dan a Dios la parte que él justamente reclama, piensan que han colocado al Creador bajo obligación hacia ellos. Por fin se agota la paciencia de Dios con ellos; y él abruptamente pone fin a todas sus tramas egoístas y mundanas, demostrándoles que así como han cosechado para su gloria personal, él puede desparramar; y no tienen defensa alguna para resistir su poder.

Hermano J, hoy me dirijo a usted como a un prisionero de esperanza. Pero, ¿estaría usted dispuesto a considerar que su sol cruzó su meridiano ya hace algún tiempo y que ahora está rápidamente declinando? Ha anochecido. ¿No se da usted cuenta de que se alargan las sombras? Le queda muy poco tiempo para trabajar en su propio favor, en favor de la humanidad y de su Maestro. Hay una obra especial que hacer por su propia alma, si es que se ha de contar entre los vencedores. ¿Cómo está el registro de su vida? Intercede en vano Jesús por usted? ¿Quedará él chasqueado? Algunos de sus compañeros, que en un tiempo estuvieron a su lado, ya han sido llamados al descanso. La eternidad revelará si la fe de ellos estaba en quiebra y no alcanzaron la vida eterna, o si eran ricos para con Dios y herederos de “una medida que pasa toda medida, un eterno peso de gloria”. 2 Corintios 4:17. ¿No tomará en cuenta que la paciencia de Dios para con usted requiere el arrepentimiento y la humillación del alma ante él?

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Hay otras consideraciones de peso, aparte de su salvación personal, que requieren su atención. Tarde como es, con su sol a punto de hundirse tras las cumbres del poniente, le queda aún una gran obra que hacer por sus hijos, quienes han permitido que el amor del mudo los separe de Dios. También tiene usted parientes, vecinos y amigos que no están redimidos. Si el ejemplo suyo hubiera sido consecuente con la luz que le fue dada; si hubiese sido tan diligente para salvar a estas preciosas almas como lo ha sido para granjear un tesoro terrenal; si hubiese usado sus recursos e influencia, su sabiduría y tacto, en un esfuerzo para reunir a estos errantes en el redil de Cristo y si ésta hubiese sido la labor de su vida, se hubiera asegurado una cosecha de almas y una rica recompensa en el día del Señor. Entonces hubiera edificado sobre el verdadero fundamento de material imperecedero; pero en vez de esto ha estado edificando con madera, paja y rastrojo, que serán consumidos cuando se juzguen las obras de toda persona, sea cual fuere su sustancia.

Su vida ha sido un fracaso. Usted ha sido una piedra de tropiezo para los pecadores. Ellos han dicho de usted: “Si la religión que profesa este hombre es de veras genuina, ¿por qué se afana tanto por las cosas de este mundo? ¿Por qué no demuestra en su propia conducta el Espíritu de Cristo?” Hermano mío, apresúrese a quitar el estorbo del camino de los pecadores antes de que sea demasiado tarde. ¿Puede con placer contemplar su vida o la influencia que ha ejercido? ¿Está dispuesto ahora a examinar sus caminos? ¿No se forzará por entrar en una relación correcta con Dios? No creo que su corazón sea insensible. Sé que la amante y tierna misericordia de Dios es maravillosa. Le queda poco tiempo de gracia; ¿no lo aprovechará ahora mientras Jesús implora mediante su sangre ante el Padre? Misericordiosamente él ha salvado su vida; pero ha sido como el caso de la higuera estéril que año tras año no llevó fruto, sino hojas solamente. ¿Cuánto tiempo más seguirá frustrando a su Maestro? ¿Le obligará a decir: “Que nadie vuelva a comer más fruto de ti para siempre”, o “Cortadla, ¿para qué inutiliza también la tierra?” Lucas 13:7. Oh, no espere hasta que el Señor extienda su mano contra usted y arrase con los bienes que ha acumulado. Recuerde que toda su riqueza no le proporcionará ni un momento de dulce seguridad y paz en su lecho de muerte.

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Tatiana Patrasco

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